Como
cualquier aspirante a actriz de funciones de gran alarde, quedó
presa en un papel infructífero de un cortometraje de serie B.
Cortometraje que, sin duda, tenía su encanto. Contaba una historia
peculiar y complicada que a pesar de ser enrevesada, ataba todos los
cabos sueltos de forma sencilla una vez terminada. Era una anécdota
efímera que la actriz llegó a entender e interpretar a la
perfección. Habría quedado como un bonito recuerdo, pero, la
continua exposición del film en los medios de comunicación, así
como el asfixiante miedo a la crítica, llegó a perturbar a la
inocente y vulnerable aspirante. Se obsesionó con su mediocre papel
creyéndose no ser capaz de hacer otra cosa. No sólo eso, llegó a
identificarse con las críticas más hostiles y también, menos
constructivas, llegando a obviar las que podrían haberla encaminado
a lograr su sueño, y sobre todo, ignorando la suya propia. Era tal
su ambición por agradar a todo el público y llegar a ser famosa que
enloqueció ante la frustración, no quedándole más remedio que
volver a su pobre aldea donde sabía bien cuál era su función. Al
envidiar la fama de las grandes glorias de Hollywood,
confundió por completo su sueño de sentir y transmitir emociones
que quizás sólo con la actuación podrían, ella y sus aldeanos,
vivir.
Ése
podría ser su precio. Por suerte, aún no se ha estrenado el corto.

